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Una columna de Pau Echegaray

Noticia

Tendencias alimentarias: qué hay de realidad tras lo que vemos en redes sociales

Un informe de Brandwatch Consumer Research ha analizado más de 94 millones de menciones públicas en redes sociales —Instagram, Twitter, Reddit, blogs y foros— para radiografiar qué se está diciendo sobre alimentación en este momento.

Pau Echegaray, Dietista-nutricionista clínico y divulgador metabólico·actualizado 23 de septiembre de 2026

Tendencias alimentarias: qué hay de realidad tras lo que vemos en redes sociales

La foto fija que sale de ese rastreo masivo no es ciencia nutricional, pero sí es un termómetro bastante fiable de lo que la gente repite, compra y presume en su stories. Y lo que se repite, conviene mirarlo con bisturí antes de caer en la siguiente moda.

El mapa de lo que se habla (y lo que no se come)

Según los datos del informe, el café sigue siendo, por goleada, la bebida más mencionada: solo, con hielo y espresso se llevan el grueso de las conversaciones. Lejos quedan el té, los zumos, los smoothies o el bubble tea, que aparecen pero no lideran. En alcohol, la pandemia dejó un heredero curioso: los cócteles caseros. Margarita, Martini, Mimosa y Bloody Mary encabezan el ranking de lo que la gente aprendió a prepararse cuando los bares cerraron.

En comida, el informe detecta un repunte de conversación vegetal —palta, porridge, cremas de frutos secos, fermentados como kimchi, chucrut o kombucha— que no se traduce automáticamente en cambio real de plato. El propio trabajo lo advierte: la mayoría solo curiosea, prueba un mes o fotografía la receta. Si compras un alimento porque lo has visto tres veces en tu feed, estás pagando a precio de oro un puñado de calorías envueltas en hashtag.

La trampa del "superalimento"

El informe agrupa varios productos bajo esa etiqueta —palta y arándanos, seguidos de jengibre y kale, copan casi la mitad de las conversaciones sobre superalimentos—. Lo traduzco al lenguaje de la consulta: son alimentos densos en nutrientes, sí, pero ninguno hace milagros por sí solo, y desde luego ninguno justifica el sobreprecio que les coloca el lineal del supermercado. Al jengibre y al kale se les atribuyen cientos de propiedades; algunas son ciertas, otras marketing.

Que la conversación social los premie no significa que tu cuerpo los necesite en formato smoothie diario. Una dieta razonable se construye con variedad, no con un ingrediente estrella repetido hasta el aburrimiento. La palta y los arándanos son perfectamente válidos como un ingrediente más dentro de un patrón amplio —ni más ni menos—.

Qué mira el consumidor (y qué debería mirar)

El dato más jugoso está en las últimas líneas: el comprador medio ya no se conforma con que el producto sea saludable, también quiere saber la huella ecológica de los envases. Eso es salud metabólica ampliada al planeta, y es la dirección correcta.

Pero la letra pequeña que el informe no aborda —y que sí es asunto mío en la consulta— es que "saludable" sigue siendo una palabra comodín que las marcas estiran a su antojo. Frente a eso, la única defensa útil es leer la etiqueta con la misma suspicacia con la que lees una oferta de suscripción: ingrediente por ingrediente, orden de aparición, cantidad real. Si el primer elemento de la lista es azúcar, da igual que el packaging tenga una hoja verde y la palabra "natural" bien grande.