Cuando la obsesión por la dieta oculta un trastorno de la conducta alimentaria
Registrar cada caloría en una app, saltarte comidas bajo la etiqueta del ayuno intermitente o tachar los carbohidratos del menú. Tres conductas que hoy se premian en redes como sinónimo de fuerza de voluntad.
Pau Echegaray, Dietista-nutricionista clínico y divulgador metabólico·actualizado 24 de agosto de 2026

Cuando la «disciplina» ocupa demasiado espacio en tu cabeza
Sin embargo, especialistas del Centro Cadda —centro chileno especializado en trastornos de la conducta alimentaria— advierten de que, cuando se cronifican, pueden ser la antesala de un TCA ya instalado. Y lo más inquietante: el entorno tarda en detectarlo porque estamos demasiado acostumbrados a celebrarlas.
La trampa de la normalización
Pamela Campi, nutricionista y cofundadora del centro, lo resume con una precisión que merece subrayarse: el problema no es preguntarse qué comes, sino cuándo esa pregunta se come todo lo demás. Organizar el día alrededor de la comida, sentir culpa desproporcionada por saltarse una regla autoimpuesta o evitar quedar con amigos si hay mesa de por medio son señales que, combinadas y sostenidas en el tiempo, empiezan a tener peso clínico real.
¿Por qué cuesta tanto verlo? Porque el lenguaje que usamos para hablar de alimentación se ha contaminado. Comer «limpio», ser «disciplinado», «resetear» el cuerpo con un ayuno de 18 horas… todo ese vocabulario de bienestar disfraza de virtud lo que a veces es ansiedad buscando una válvula de escape. Macarena Zuleta, psicóloga y también cofundadora de Centro Cadda, señala que detrás de contar cada caloría casi siempre hay una búsqueda de control frente a emociones difíciles de gestionar: ansiedad, baja autoestima, presión por cumplir un ideal corporal. Y como la conducta está socialmente validada, la persona tarda en reconocer que algo no funciona. Su entorno, también.
Apps de conteo: ¿herramienta o detonante?
Aquí entra un dato que conviene tener presente. Una revisión sistemática de la Universidad Flinders, publicada en marzo de 2025 en Body Image, analizó 38 estudios sobre aplicaciones de dieta y actividad física. El hallazgo: existe una asociación entre el uso frecuente de estas herramientas y una mayor presencia de síntomas de conducta alimentaria alterada. Ojo, los propios investigadores advierten de que asociación no es causalidad. Puede que las personas con mayor preocupación corporal sean precisamente las que más recurren a estas apps. Pero la correlación existe, y basta para encender una luz de alerta.
Contar calorías no es, por sí mismo, patológico. Nadie lo está diciendo. Pero cuando la app se convierte en el juez de cada comida, cuando saltarte un registro te genera más ansiedad que saltarte la comida en sí, entonces la herramienta ha dejado de ser una herramienta. Se ha convertido en una jaula con pantalla táctil.
Qué mirar antes de que se instale
Desde Centro Cadda insisten en que ninguna señal aislada constituye un diagnóstico. Pero hay patrones que merecen atención profesional: organizar toda la rutina diaria en torno a la comida, evitar sistemáticamente situaciones sociales que implican comer, experimentar culpa intensa por «romper» una norma alimentaria autoimpuesta o eliminar grupos enteros de alimentos sin base clínica que lo justifique.
Si te reconoces en alguna de estas dinámicas —o si las ves en alguien cercano—, no esperes a que el cuadro se consolide. Buscar ayuda antes no es debilidad; es la decisión más inteligente que puedes tomar por tu relación con la comida. Porque la verdadera disciplina no es la que te prohíbe disfrutar de una cena con tu gente. Es la que te permite escuchar a tu cuerpo sin que un algoritmo te diga qué significa lo que sientes.