Por qué la desinformación sobre nutrición se propaga más rápido que la ciencia
Según la última encuesta de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) sobre 2.215 personas, el 40 % de los españoles percibe más bulos en nutrición que en cambio climático (36,2 %), tratamientos médicos (31,9 %) o vacunas (28,3 %).
Pau Echegaray, Dietista-nutricionista clínico y divulgador metabólico·actualizado 24 de agosto de 2026

Es decir, comer —lo que haces tres veces al día desde que tienes uso de razón— se ha convertido en el terreno favorito de la mentira cómoda. Y si esto te parece una exageración, sigue leyendo: probablemente tú mismo has compartido alguno.
Por qué te lo crees (aunque sepas que suena mal)
La socióloga Celia Díaz, de la Complutense y coautora del estudio, lo explica sin rodeos: las plataformas premian los contenidos que generan emoción, no los que generan verdad. Si una noticia te dice que tal alimento reduce el cortisol y, por tanto, te hace perder peso, sabes que huele a chamusquina. Pero la compartes igual porque, según la propia encuesta, es "esperanzadora y optimista". Tu córtex prefrontal pierde el combate contra un botón de WhatsApp. Y así es como un bulo recorre mil teléfonos antes de que un nutricionista termine su café.
Añade un 25 % de españoles con tendencia al "populismo científico", es decir, a quedarse con el titular y tirarse el a la papelera. El cóctel está servido: emoción + simplificación + algoritmo. ¿Sorprende que gane la nutrición? No debería. Aquí todo el mundo tiene opinión, desde tu cuñado del asado hasta la influencer con aro en la nariz.
El motor económico: cuando el bulo paga el alquiler
Detrás del 40 % de bulos nutricionales no hay solo ignorancia; hay facturación. La alimentación mueve cantidades obscenas de dinero, y eso atrae a medios que aceptan publirreportajes sobre alimentos "quemagrasas" —spoiler: ninguno actúa como un soplete—, a influencers que cobran por receta mágica y, lo más sucio, a pequeños estudios patrocinados por la industria que llegan a conclusiones opuestas al 99 % de la evidencia existente. Resultado: ruido mediático, confusión y, cómo no, un pico de ventas.
Y luego está TikTok. Según un estudio publicado en la revista Nutrients, solo el 36 % del contenido nutricional de los "nutri-influencers" en esa plataforma es preciso. Eso significa que el otro 64 % oscila entre el error honesto y el despropósito publicitado. Una de cada tres publicaciones acierta. Pon esto en perspectiva: si tu mecánico tuviera ese porcentaje de aciertos, no le dejarías ni cambiar una rueda.
Filtro de tres segundos para no caer
No te voy a dar una chapa sobre cómo evaluar estudios. Te voy a dar tres preguntas que cortan el bulo de raíz y que sirven también para el último grito en alimentación funcional, el kuzu y compañía: si alguien te promete un efecto concreto con un solo alimento, desconfía; si la fuente es un vídeo de menos de sesenta segundos, desconfía el doble; y si el mensaje te hace sentir que por fin has descubierto el truco, desconfía triple, porque tu cerebro está secuestrado por la dopamina del atajo.
La buena noticia es que el 73 % de los consumidores —así lo recoge un estudio reciente de YouGov— dice priorizar la salud a largo plazo y, además, prefiere hábitos sencillos sin restricciones estrictas. O sea, la gente quiere comer bien sin vivir en una burbuja. Coincido al cien por cien. La ciencia de la nutrición no necesita gurús ni eclipses adelgazantes: necesita que dejes de compartir el reel que te ha hecho sentir listo durante diez segundos y vuelvas a leer la etiqueta con calma.