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Nutrición científica para tu bienestar diario

Una columna de Pau Echegaray

Geles energéticos: por qué prefiero comida real en ruta

Entre 30 y 60 gramos de hidratos de carbono por hora. Esa es, de forma general, la horquilla que necesitamos en una salida de resistencia de más de 90 minutos si queremos mantener la glucosa…

Pau Echegaray, Dietista-nutricionista clínico y divulgador metabólico·Actualizado: 27 de agosto de 2026·17 min de lectura

Geles energéticos: por qué prefiero comida real en ruta

Entre 30 y 60 gramos de hidratos de carbono por hora. Esa es, de forma general, la horquilla que necesitamos en una salida de resistencia de más de 90 minutos si queremos mantener la glucosa disponible y evitar que las piernas empiecen a negociar nuestra retirada.

La industria ha convertido esa recomendación en un sobre pequeño, pegajoso y con sabor a gominola química. Un gel energético puede ser útil, claro. También puede costar entre 1,50 y 3 euros, sentar como una patada en el estómago y dejarte con el paladar saturado después de varias horas. Todo a la vez. La nutrición deportiva moderna tiene esa curiosa habilidad: resolver un problema fisiológico creando otros tres alrededor.

Por eso, cuando hablamos de alternativas naturales a los geles energéticos en ciclismo, mi posición es bastante sencilla: para muchas rutas largas, la comida real funciona perfectamente. Dátiles, plátano, dulce de membrillo o un pequeño bocadillo de guayaba pueden aportar hidratos suficientes sin convertir cada avituallamiento en una competición de sabores artificiales.

Eso no significa que un gel sea inútil. Significa que no deberías confundir comodidad logística con superioridad metabólica.

El gel energético no es el enemigo. La dependencia, sí

Un gel comercial es, en esencia, una fuente concentrada de hidratos de carbono diseñada para ingerirse rápido. No hay magia. No hay moléculas secretas reservadas para quienes llevan casco aero y bicicleta de siete mil euros. Hay glucosa, fructosa, maltodextrina u otros carbohidratos, agua y, en algunos casos, cafeína, sodio y espesantes.

Su principal ventaja es evidente: ocupa poco, pesa poco y se puede consumir sin masticar. En una subida intensa o en los últimos kilómetros de una prueba, esa facilidad importa. Si vas al límite, sacar un gel del bolsillo y tragarlo puede ser mucho más práctico que intentar pelar un plátano mientras mantienes la trazada.

El problema aparece cuando damos por hecho que esa presentación es la única forma válida de alimentarnos sobre la bicicleta. No lo es.

Los motivos para buscar alternativas a los geles energéticos suelen repetirse:

  • Problemas gastrointestinales. Una carga elevada de azúcares simples en poco volumen puede generar náuseas, retortijones, diarrea o una sensación de pesadez difícil de ignorar. No todos los ciclistas responden igual, pero el aparato digestivo no firma contratos de obediencia con ninguna marca.
  • Fatiga de sabor. Después de varias horas consumiendo productos dulces con sabores intensos, llega un momento en que el cuerpo sigue necesitando hidratos, pero la boca se niega a colaborar.
  • Precio acumulado. En una salida larga pueden caer varios geles. El coste de cada unidad parece menor cuando compras uno; deja de parecerlo cuando calculas una temporada completa.
  • Falsa sensación de precisión. Que un envase indique exactamente cuántos gramos contiene no significa que el plan esté bien diseñado. Puedes consumir la cantidad correcta de hidratos y hacerlo demasiado deprisa, con poca agua o sin haberlo entrenado.
  • Dependencia logística. Si solo sabes alimentarte con geles, cualquier olvido en la tienda, retraso en un pedido o avituallamiento mal planteado se convierte en un problema innecesario.

Aquí conviene separar dos cuestiones. La primera es la eficacia energética. Los geles pueden aportar hidratos útiles, especialmente en esfuerzos breves, intensos o en momentos en los que masticar resulta complicado. La segunda es la tolerancia y la practicidad dentro de una ruta concreta. En esa comparación, la comida real tiene mucho que decir.

Un gel no es superior por venir en un envoltorio brillante. Es superior solo cuando resuelve mejor la situación concreta.

Qué ocurre con los hidratos durante una salida larga

En una ruta de más de 90 minutos, el organismo utiliza una combinación de glucógeno muscular, glucosa circulante y grasa. La proporción cambia según la intensidad, el nivel de entrenamiento, la duración y la disponibilidad energética. A mayor intensidad, mayor dependencia relativa de los hidratos. No hace falta convertir la salida del domingo en una clase de bioquímica, pero sí entender una idea básica: las piernas no funcionan con motivación.

El glucógeno es la forma en la que almacenamos hidratos en músculo e hígado. Durante el ejercicio, esas reservas se van utilizando. Cuando la intensidad sube o la duración se alarga, la ingesta de carbohidratos ayuda a mantener la glucosa en sangre y a retrasar el deterioro del rendimiento.

Por eso se suele trabajar con una referencia de 30 a 60 gramos de hidratos por hora en esfuerzos de resistencia. La cifra no es una orden militar. Es una horquilla práctica. Un ciclista que hace una salida tranquila puede necesitar menos que alguien que encadena puertos a ritmo de competición. Y una persona que no ha entrenado el intestino no debería pasar de ingerir casi nada a intentar meter 60 gramos por hora el día de una marcha.

Sí, el intestino también se entrena. La capacidad de tolerar una ingesta elevada de hidratos durante el ejercicio no depende únicamente de la voluntad. Intervienen el vaciado gástrico, la absorción intestinal, la concentración de la bebida, el ritmo de la ruta y el tipo de carbohidrato. Si consumes mucho azúcar en poco líquido, el estómago puede vaciarse más despacio. Resultado: sensación de líquido atrapado, náuseas y el clásico pensamiento de que quizá abandonar bajo una encina sea una opción razonable.

Las bebidas deportivas convencionales suelen formularse con una concentración de hidratos del 6 al 7 %, es decir, aproximadamente 60-70 gramos por litro. Cuando la concentración supera el 10 %, el vaciado gástrico puede reducirse de manera notable. Esto no convierte cualquier bebida concentrada en un veneno, pero sí explica por qué algunos planes sobre el papel impecables fracasan en el primer puerto.

La comida real puede facilitar una ingesta más repartida y menos monótona. Pero no cualquier alimento sirve. Durante la ruta interesa priorizar fuentes con hidratos disponibles y una digestión relativamente sencilla. El bocadillo de tortilla de patata, por muy digno que sea en una terraza, no es la mejor estrategia nutricional mientras subes un puerto. La grasa, la fibra y las proteínas ralentizan la digestión. En ese momento, la tradición gastronómica no siempre coincide con la fisiología.

Plátano, membrillo y guayaba: opciones sencillas que hacen el trabajo

La comida real para ciclismo de ruta no necesita una lista de ingredientes impronunciables. De hecho, cuanto más larga es la ruta, más agradezco las soluciones aburridamente eficaces.

Plátano: práctico, barato y con una cifra clara

Un plátano grande aporta aproximadamente 30 gramos de hidratos de carbono y 120 calorías. Es una cantidad que encaja muy bien dentro de la pauta por hora para una salida larga. Además, aporta agua y resulta fácil de encontrar antes de salir o en una tienda de carretera.

Su principal inconveniente es mecánico, no metabólico: ocupa más que un gel y hay que pelarlo. Parece una tontería hasta que llevas guantes, frío, sudor y una mano ocupada con el manillar. Aun así, para la mayoría de las rutas de resistencia moderada, ese pequeño esfuerzo logístico es perfectamente asumible.

En 2012, un estudio de la Universidad Estatal de los Apalaches comparó el efecto del plátano con el de una bebida isotónica en el rendimiento ciclista y observó resultados equivalentes. La lectura sensata no es que el plátano sea milagroso ni que las bebidas deportivas hayan quedado obsoletas. La lectura sensata es que una fruta corriente puede proporcionar hidratos suficientes para sostener el rendimiento. La evidencia no necesita disfraces.

Dulce de membrillo: densidad energética sin volumen excesivo

El dulce de membrillo aporta cerca de 60 gramos de hidratos por cada 100 gramos. Eso lo convierte en una opción interesante cuando quieres reducir el volumen de comida sin recurrir exclusivamente a productos deportivos.

Una porción de 40-50 gramos aporta, de forma aproximada, entre 24 y 30 gramos de hidratos. La textura compacta facilita cortarlo en porciones y envolverlo de manera individual. También permite combinarlo con otros alimentos menos dulces para evitar que toda la ruta sepa a postre industrial.

Ahora bien: sigue siendo un alimento concentrado en azúcar. Que sea tradicional no lo transforma en una fuente mágica de energía lenta. El membrillo es útil porque aporta hidratos en poco volumen y suele tolerarse bien, no porque tenga una propiedad fisiológica secreta escondida detrás de la etiqueta artesanal.

Bocadillo de guayaba: una alternativa equivalente a un gel estándar

Una porción tradicional de bocadillo de guayaba de 25-30 gramos aporta entre 20 y 23 gramos de hidratos de carbono, una cifra comparable a la de un gel comercial estándar.

Aquí aparece una ventaja práctica: puedes llevar varias porciones y distribuirlas a lo largo de la ruta. Además, el sabor es distinto al de muchos geles, algo importante cuando llevas horas consumiendo productos dulces. La fatiga del paladar no es una cuestión estética. Si un sabor te produce rechazo, dejarás de comer. Y si dejas de comer antes de tiempo, el plan deja de funcionar.

Dátiles: útiles, pero no inmunes a la fisiología

Los dátiles son otra opción frecuente por su densidad de hidratos y su tamaño reducido. Permiten llevar una cantidad considerable de energía en poco espacio. El matiz está en que pueden ser pegajosos y, según la persona, algo más difíciles de digerir si se toman en exceso o sin suficiente líquido.

La comida real no queda automáticamente exenta de problemas gastrointestinales. Un puñado de dátiles ingerido deprisa puede sentar peor que un gel bien tolerado. El contexto manda: cantidad, ritmo, hidratación, intensidad y tolerancia individual.

Comparación rápida de opciones

OpciónAporte aproximado de hidratosVentaja principalLimitación práctica
Plátano grande30 gFácil de encontrar y con buena tolerancia para muchas personasOcupa más y hay que pelarlo
Dulce de membrillo60 g por 100 gAlta densidad energética y fácil de porcionarEs muy concentrado y dulce
Bocadillo de guayaba de 25-30 g20-23 gAporte parecido al de un gel estándarPuede resultar pegajoso
Gel comercialVariable según el productoSe consume rápido y ocupa pocoPrecio, saturación de sabor y posibles molestias
Bebida deportiva al 6-7 %60-70 g por litroAporta líquidos e hidratos a la vezRequiere controlar el volumen y la concentración

Las cifras de la tabla sirven para planificar, no para jugar a la falsa exactitud. El tamaño real de un plátano cambia. También cambia la receta del membrillo, la marca del gel y la composición del bocadillo de guayaba. La etiqueta sigue siendo útil; la obsesión por el decimal, bastante menos.

Cómo organizar 30-60 gramos por hora sin convertir la ruta en una oposición

La recomendación de 30-60 gramos por hora parece sencilla hasta que intentas llevarla a la práctica. ¿Se empieza a comer cuando aparece el hambre? No. En ese momento, muchas veces ya vas tarde. ¿Se espera a tener las piernas vacías? Tampoco. La nutrición durante la ruta funciona mejor cuando es preventiva y regular.

Una estrategia básica podría ser esta:

1. Empieza pronto. En una salida larga, no esperes a notar hambre intensa. Comenzar a ingerir hidratos desde la primera hora facilita repartir la cantidad y evita intentar recuperar todo de golpe.

2. Divide la ingesta. Tomar pequeñas porciones cada 20-30 minutos suele ser más llevadero que consumir una gran cantidad de una sola vez. El sistema digestivo prefiere recibir trabajo manejable, no una emboscada de azúcar.

3. Combina formatos. Puedes alternar plátano, membrillo, guayaba y bebida con hidratos. Así reduces la fatiga de sabor y distribuyes mejor la carga.

4. Acompaña con líquido. Los alimentos concentrados necesitan una hidratación adecuada. No hace falta beber litros sin sentido, pero sí evitar tragar varias porciones secas mientras el cuerpo pierde agua y sales.

5. Ajusta según la intensidad. En una ruta suave puedes tolerar mejor alimentos sólidos. En una subida exigente, la bebida o el gel pueden resultar más fáciles de consumir.

6. Prueba el plan entrenando. El día de la marcha no es el momento de estrenar dátiles, membrillo casero o cualquier otra solución improvisada. La tolerancia digestiva se comprueba antes, no en el kilómetro 110.

Un ejemplo sencillo para acercarse a la parte baja de la horquilla sería un plátano grande repartido durante una hora, con una bebida que aporte hidratos. Para alcanzar una ingesta más alta, se puede combinar una porción de plátano con membrillo o guayaba. Las cantidades exactas dependerán de la duración, la intensidad y de lo que aporte la bebida.

Lo que no conviene es sumar alimentos sin mirar el conjunto. Un plátano, dos geles, una bebida isotónica y varias barritas pueden superar fácilmente lo que el intestino está preparado para procesar en ese momento. Más no siempre es mejor. A veces solo es más.

El papel de la hidratación: no todo lo que parece un bajón es falta de azúcar

En nutrición deportiva se tiende a atribuir cualquier caída del rendimiento a la falta de hidratos. Puede serlo, pero no necesariamente. El calor, la pérdida de líquidos, la falta de sales, una intensidad mal gestionada o haber dormido poco también pueden estar detrás.

El error típico consiste en responder a todos los síntomas con otro gel. Te notas vacío, tomas un gel. Te mareas, tomas otro. Te entra náusea, bebes una bebida hiperconcentrada porque alguien ha dicho que necesitas más energía. El resultado puede ser una digestión todavía más lenta y una ruta convertida en un experimento gastrointestinal.

La bebida deportiva tiene una función concreta cuando combina agua e hidratos en una concentración razonable. En torno al 6-7 % de carbohidratos, puede facilitar el aporte simultáneo de líquido y energía. Si preparas una bebida casera demasiado concentrada, no has creado una versión mejorada del producto comercial. Has preparado un líquido más difícil de vaciar del estómago.

La hidratación debe plantearse junto con la alimentación. Si comes alimentos compactos como membrillo, guayaba o dátiles, necesitarás prestar atención al líquido que los acompaña. Si dependes de una bebida con hidratos, tendrás que calcular cuánto aporta para no duplicar la ingesta sin darte cuenta.

Y una precisión necesaria: hidratarse no significa beber de forma compulsiva. La cantidad adecuada depende del calor, la duración, la sudoración y el acceso a fuentes de agua. Beber sin medida también puede ser problemático. La fisiología, otra vez, no funciona a golpe de eslogan.

Cuándo elegir comida real y cuándo mantener los geles

Mi preferencia por la comida real tiene límites. En una ruta de varias horas, con intensidad moderada y posibilidad de comer con cierta calma, el plátano, el membrillo y la guayaba son alternativas muy razonables. Aportan hidratos, permiten variar sabores y pueden reducir el coste total de la estrategia.

Pero hay situaciones en las que el gel conserva una ventaja clara:

  • Competiciones de alta intensidad, donde masticar resulta incómodo o directamente inviable.
  • Momentos de máxima exigencia, como una subida final o un cambio de ritmo.
  • Pruebas con poco espacio de almacenamiento, en las que el volumen y el peso son determinantes.
  • Ciclistas con buena tolerancia digestiva, que ya han probado el producto y saben que les funciona.
  • Necesidad de cafeína dosificada, cuando el gel incorpora una cantidad conocida y se utiliza dentro de una estrategia razonable.
  • Situaciones en las que no hay acceso a alimentos sólidos, algo bastante habitual en determinadas marchas o competiciones.

La pregunta correcta no es si los geles son buenos o malos. Esa dicotomía sirve para vender titulares, no para planificar una ruta. La pregunta es qué formato te permite alcanzar tus necesidades de hidratos, líquidos y sales sin provocar molestias y sin complicarte la vida.

Si el gel te funciona, lo toleras y encaja en tu presupuesto, no necesitas abandonarlo para demostrar que conoces la nutrición. Si te produce náuseas, te obliga a consumir sabores que ya no soportas o te sale demasiado caro, tienes alternativas. Y no hace falta fabricarlas en un laboratorio.

La mejor estrategia de alimentación es la que puedes repetir a la intensidad prevista, durante el tiempo previsto y sin discutir con tu estómago.

El error de llamar natural a cualquier cosa que venga de una cocina

También conviene desmontar el extremo contrario. La comida real no es automáticamente mejor por tener una lista de ingredientes más corta. Un alimento puede ser natural, casero y completamente inadecuado para consumir mientras pedaleas.

Durante el ejercicio, las fuentes con mucha grasa, fibra o proteína suelen ralentizar la digestión. Eso puede ser deseable en una comida cotidiana, donde buscamos saciedad. En plena ruta, especialmente a intensidades altas, puede convertirse en una carga digestiva.

Un sándwich abundante con queso curado, frutos secos y embutido puede parecer una opción energética excelente porque contiene muchas calorías. Pero las calorías no son el único criterio. La velocidad de digestión, la textura, la concentración de hidratos y la facilidad para consumirlo importan tanto o más.

Por eso no metería en el mismo saco un plátano y una empanada, aunque ambos puedan encontrarse en una tienda de carretera. Tampoco consideraría equivalentes unas galletas rellenas y un alimento diseñado para aportar hidratos de manera predecible. La comida real ofrece posibilidades, no inmunidad frente a las leyes de la digestión.

La selección debe seguir una lógica:

  • Hidratos suficientes para el objetivo de la hora.
  • Poco contenido en grasa y fibra si la intensidad es elevada.
  • Textura fácil de masticar y tragar.
  • Porciones pequeñas que puedan distribuirse.
  • Sabor tolerable después de varias horas.
  • Compatibilidad con la cantidad de líquido disponible.

Si además el alimento es barato y fácil de envolver, perfecto. La nutrición deportiva no debería exigir una hipoteca para salir en bicicleta.

Una forma sensata de empezar

Si hasta ahora solo has utilizado geles, no cambies toda la estrategia de golpe. En una salida de entrenamiento, sustituye una toma por un plátano o una porción de membrillo. Observa la tolerancia. Comprueba si puedes masticarlo con comodidad, si necesitas más agua y cómo respondes cuando aumenta la intensidad.

Después puedes alternar formatos: bebida con hidratos durante determinados tramos, comida sólida en zonas más tranquilas y un gel reservado para la parte final o para una subida concreta. Esa combinación suele ser más flexible que el uso exclusivo de un único producto.

También merece la pena calcular el coste. Un plátano grande aporta aproximadamente 30 gramos de hidratos y puede cubrir una parte relevante de la ingesta de una hora. Una porción de guayaba de 25-30 gramos ofrece entre 20 y 23 gramos. El membrillo permite preparar porciones ajustadas a tus necesidades. No son soluciones exóticas. Son alimentos corrientes aplicados con un poco de planificación.

La clave está en dejar de pensar en productos y empezar a pensar en nutrientes y contexto. El envoltorio no determina el resultado. Lo determinan los hidratos que ingieres, la velocidad a la que los tomas, la cantidad de líquido que los acompaña y la tolerancia que has construido entrenando.

Mi conclusión: menos dogma y más estrategia

Las alternativas naturales a los geles energéticos en ciclismo no son una moda romántica ni una cruzada contra la industria. Son herramientas útiles para rutas largas, especialmente cuando buscas reducir costes, evitar la saturación de sabores y mejorar la tolerancia digestiva.

El plátano puede aportar unos 30 gramos de hidratos. El membrillo ofrece una densidad cercana a 60 gramos por cada 100 gramos. El bocadillo de guayaba puede acercarse al aporte de un gel estándar. La bebida deportiva, bien formulada, sigue siendo útil para combinar líquidos e hidratos. Y el gel conserva su valor cuando necesitas rapidez, poco volumen o una ingesta sencilla en plena intensidad.

Lo absurdo es presentar una sola opción como universal. Ni todos los ciclistas necesitan geles, ni toda comida casera sirve para pedalear durante horas. La fisiología no lee publicidad y el estómago tampoco.

Planifica entre 30 y 60 gramos de hidratos por hora en las salidas largas, distribúyelos, acompáñalos con una hidratación razonable y prueba la estrategia antes de competir. Si la comida real te permite hacerlo con más comodidad, menos gasto y mejor tolerancia, úsala. Si necesitas un gel en un momento concreto, tómalo sin culpa.

Lo que no necesitas es pagar más por una promesa que un plátano ya sabe cumplir.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos hidratos de carbono hay que tomar por hora en una ruta larga?
Como referencia general, se suelen trabajar entre 30 y 60 gramos de hidratos de carbono por hora en esfuerzos de resistencia. La cantidad debe ajustarse a la intensidad, la duración y la tolerancia digestiva individual.
¿Qué alimentos naturales pueden sustituir a los geles energéticos en ciclismo?
El plátano, el dulce de membrillo, el bocadillo de guayaba y los dátiles son alternativas habituales. También puede utilizarse una bebida deportiva con hidratos en una concentración aproximada del 6-7 %.
¿Cuántos hidratos aporta un plátano grande?
Un plátano grande aporta aproximadamente 30 gramos de hidratos de carbono y 120 calorías.
¿El dulce de membrillo es una buena alternativa a los geles?
El dulce de membrillo aporta cerca de 60 gramos de hidratos por cada 100 gramos, y una porción de 40-50 gramos proporciona aproximadamente entre 24 y 30 gramos. Es útil por su densidad energética y porque se puede cortar y repartir en porciones, aunque sigue siendo un alimento concentrado en azúcar.
¿Cuándo es mejor utilizar un gel energético en lugar de comida real?
El gel puede resultar más práctico en competiciones de alta intensidad, subidas exigentes, pruebas con poco espacio de almacenamiento o momentos en los que masticar sea complicado. También puede ser útil si se necesita una cantidad dosificada de cafeína y el producto se tolera bien.