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Una columna de Pau Echegaray

La pasta de dátiles: el nuevo azúcar oculto de la repostería

Cien gramos de dátiles aportan alrededor de 314 kilocalorías y un 71 % de hidratos de carbono, según los datos de la Fundación Española de Nutrición. La pasta de dátiles no es agua con sabor dulce.

Pau Echegaray, Dietista-nutricionista clínico y divulgador metabólico·Actualizado: 24 de agosto de 2026·15 min de lectura

La pasta de dátiles: el nuevo azúcar oculto de la repostería

Tampoco es un ingrediente nutricionalmente neutro que puedas añadir sin mirar cantidades porque procede de una fruta.

Aquí empieza el problema. La repostería saludable ha convertido el dátil triturado en una especie de certificado moral: si el bizcocho lleva pasta de dátiles, parece que deja de ser un dulce. El azúcar refinado se presenta como el villano. El dátil, como el héroe con fibra, potasio y antioxidantes. La fisiología, por desgracia, no funciona con personajes tan bien repartidos.

La pregunta útil no es si la pasta de dátiles es buena o mala. Esa pregunta pertenece al mismo cajón que las dietas alcalinas y los zumos detox. La pregunta es otra: ¿qué cambia realmente cuando utilizas pasta de dátiles como sustituto del azúcar? Cambia el sabor, cambia la textura, cambia algo la composición nutricional y cambia, también, la forma de contabilizar los hidratos. Pero no desaparece la carga dulce del postre.

La realidad nutricional: no es lo mismo que el azúcar, pero tampoco es otra cosa

El azúcar blanco refinado aporta aproximadamente 387 kilocalorías por cada 100 gramos. El dátil entero se mueve en torno a 277-280 kilocalorías por 100 gramos en algunas referencias, mientras que los datos de la FEN sitúan el fruto en 314 kilocalorías y un 71 % de carbohidratos. La diferencia no es un error que haya que esconder debajo de la alfombra. Depende de la variedad, del grado de humedad y de la composición concreta del alimento analizado.

En la pasta de dátiles hay además agua añadida. Eso modifica la densidad energética por cucharada, pero no convierte los azúcares en aire. Una crema más líquida puede aportar menos calorías por peso que una pasta muy concentrada. Si después utilizas una cantidad generosa para endulzar un bizcocho, la receta seguirá acumulando hidratos y energía. La consistencia engaña. Una cucharada cremosa parece poca cosa; varias cucharadas dentro de una masa dejan de serlo.

Por cada 100 gramos de pasta de dátiles se manejan cifras aproximadas de 66 gramos de azúcares naturales y unos 8 gramos de fibra. El matiz está en la palabra aproximadas. No todas las pastas tienen la misma proporción de dátil y agua. Tampoco todos los dátiles tienen la misma composición. Un Medjool grande y carnoso no se comporta igual, por peso, que una variedad más seca y pequeña.

Esto es lo que aporta el dátil frente al azúcar de mesa:

  • Fibra, que el azúcar refinado prácticamente no contiene. La fibra ralentiza el vaciado gástrico y modifica la respuesta digestiva, aunque no borra los hidratos.
  • Potasio y otros micronutrientes, presentes en el fruto y ausentes o muy reducidos en el azúcar blanco.
  • Compuestos fenólicos y antioxidantes, cuya presencia no convierte automáticamente a una galleta en un alimento protector.
  • Más volumen y humedad, dos factores que afectan a la textura de la receta y pueden aumentar la sensación de saciedad.
  • Un perfil aromático propio, con notas de caramelo, miel y fruta madura. Esto sí es una ventaja culinaria real, no una promesa de marketing.

Y esto es lo que no aporta:

  • No es un alimento sin azúcar.
  • No es un producto libre de calorías.
  • No permite comer postres sin límite.
  • No convierte una receta basada en harina refinada, grasa y grandes cantidades de endulzante en una comida cotidiana.
  • No elimina la necesidad de contabilizar los hidratos si tienes diabetes o sigues una pauta específica.
El dátil puede mejorar la composición de una receta. Lo que no puede hacer es abolir la biología de los hidratos de carbono.

Decir que la pasta de dátiles es una alternativa más interesante que el azúcar blanco puede ser razonable en ciertos contextos. Decir que ambos ingredientes son nutricionalmente equivalentes también sería una simplificación. Y afirmar que el dátil hace que un dulce deje de ser un dulce es directamente confundir el envoltorio con el contenido.

¿Azúcar libre o matriz de fruta? El debate que no se resuelve con una etiqueta

Aquí aparece la parte menos cómoda. Las instituciones no mantienen una clasificación completamente uniforme sobre los azúcares de la pasta de dátiles.

La Organización Mundial de la Salud no incluye necesariamente los azúcares del dátil triturado dentro del grupo de azúcares libres si la matriz del fruto se mantiene. En cambio, el Scientific Advisory Committee on Nutrition del Reino Unido considera que determinados productos elaborados a partir de fruta triturada pueden computar como azúcares libres. No es una pelea semántica. Cambia la forma de interpretar las recomendaciones y de valorar el conjunto de la dieta.

¿Qué significa exactamente conservar la matriz? Que el alimento mantiene parte de sus estructuras celulares, su fibra y sus componentes originales. Un dátil entero obliga a masticar, tiene una textura definida y se consume a un ritmo distinto al de una crema dulce incorporada a una masa. Cuando lo trituramos, esa estructura se altera. La fibra no desaparece por arte de magia, pero tampoco podemos tratar el resultado como si el fruto estuviera intacto.

El escenario importa. No es lo mismo comer un dátil entero junto a yogur natural y frutos secos que introducir 150 gramos de pasta de dátiles en unas barritas que después se comen de tres en tres. El ingrediente es el mismo. La exposición, la velocidad de consumo y la densidad energética no.

También conviene separar dos asuntos que suelen mezclarse:

1. La clasificación regulatoria o nutricional del azúcar. Aquí existe debate entre organismos y no hay una respuesta única aplicable a todos los productos.

2. La respuesta metabólica individual. Que un azúcar se clasifique de una forma u otra no determina por sí solo la glucosa en sangre de una persona concreta.

Si una receta contiene pasta de dátiles, harina, avena, frutos secos y grasa, la respuesta final dependerá del conjunto. La digestión no lee la etiqueta del bote. Tampoco sabe si el envase utiliza la palabra natural en letras verdes.

Por eso resulta poco serio afirmar que endulzar con dátiles es saludable en cualquier cantidad. Puede ser una elección culinaria con ventajas respecto al azúcar refinado, pero sigue siendo una elección dentro de una preparación dulce. La diferencia entre una sustitución sensata y una coartada para comer repostería a diario suele estar en la cantidad total y en la frecuencia.

Índice glucémico bajo, carga glucémica alta: la trampa de quedarse con un solo número

La pasta de dátiles suele asociarse a un índice glucémico estimado de alrededor de 50, considerado bajo. El número suena bien. Demasiado bien. Y aquí empieza el desfile habitual de titulares que convierten una variable en una absolución metabólica.

El índice glucémico indica la velocidad relativa con la que una cantidad de hidratos disponibles puede elevar la glucosa en sangre. No informa por sí solo de cuántos hidratos contiene una ración concreta. Una cosa es la rapidez. Otra, la cantidad total.

La carga glucémica intenta incorporar ambas dimensiones. La pasta de dátiles puede presentar una carga glucémica aproximada de 38 por cada 100 gramos, considerada alta, debido a la elevada densidad de azúcares. En otras palabras: puede generar una respuesta más gradual que el azúcar de mesa y, aun así, aportar muchos hidratos si la ración es grande.

La fórmula práctica es sencilla:

Carga glucémica = índice glucémico × hidratos disponibles de la ración ÷ 100.

No necesitas sacar la calculadora en mitad del supermercado para cada producto. Pero sí entender la lógica. Un alimento con un índice glucémico moderado puede convertirse en una carga relevante cuando se consume en una cantidad generosa. El problema no es el número aislado. Es el número multiplicado por la realidad del plato.

Pensemos en una receta de repostería. La pasta de dátiles puede acompañarse de:

  • Harina de trigo, espelta o avena.
  • Plátano maduro.
  • Bebidas vegetales con azúcar añadido.
  • Chocolate o cacao azucarado.
  • Sirope, miel o azúcar de coco, porque aparentemente un endulzante adicional vuelve la receta más saludable.
  • Frutos secos y crema de frutos secos, que aportan grasa y energía aunque sean alimentos nutricionalmente interesantes.

El resultado metabólico no se puede deducir mirando únicamente la pasta de dátiles. Tampoco sería correcto prometer una respuesta glucémica concreta para todo el mundo. La sensibilidad a la insulina, es decir, la capacidad de tus células para responder a esta hormona, varía entre personas y situaciones. El sueño, la actividad física, el momento del día, la composición de la comida y la medicación pueden cambiar el resultado.

Si tienes diabetes, prediabetes o una pauta de control de hidratos, la recomendación no es borrar el dátil del mapa. Es contabilizarlo dentro de la receta y de la ración. Una pasta de dátiles no es un ingrediente prohibido por definición, pero tampoco merece una bula nutricional.

Pasta de dátiles como sustituto del azúcar: qué cambia en una receta

La equivalencia habitual en repostería es utilizar aproximadamente dos tercios de taza de pasta de dátiles por cada taza de azúcar blanco. Es una orientación, no una ley física. La receta cambia porque no estás sustituyendo un polvo seco por otro polvo seco. Estás introduciendo una crema con agua, fibra, azúcares y sabor propio.

La pasta de dátiles no solo endulza. También:

  • Aporta humedad.
  • Hace la miga más densa y tierna.
  • Favorece una coloración más oscura.
  • Puede dar una textura pegajosa o gomosa si se utiliza en exceso.
  • Reduce la sensación de dulzor limpio del azúcar blanco y añade sabor a fruta seca.
  • Puede exigir ajustes en la cantidad de líquidos y en el tiempo de horneado.

Si preparas un bizcocho ligero y esponjoso, la sustitución completa puede jugar en tu contra. Si buscas brownies densos, barritas, trufas, galletas blandas o bases de tarta, encaja mejor. El ingrediente tiene personalidad. No puedes tratarlo como sacarina con aspecto de puré.

Cómo preparar una pasta de dátiles funcional

La preparación básica no tiene misterio:

1. Utiliza dátiles deshuesados. La variedad Medjool funciona bien por su textura carnosa, aunque puedes emplear otras variedades.

2. Cúbrelos con agua caliente o hirviendo y deja que se ablanden.

3. Tritúralos con parte del agua hasta obtener una crema espesa.

4. Ajusta la textura añadiendo líquido poco a poco, no de golpe.

5. Guarda la pasta en un recipiente cerrado y utilízala en pocos días, especialmente si has incorporado bastante agua.

La cantidad de agua marca la diferencia. Si añades demasiada, obtendrás una crema más fácil de batir, pero también menos concentrada. Eso puede resultar útil para mezclar en una masa, aunque obligará a revisar el resto de líquidos de la receta. Si la pasta queda demasiado seca, tendrás grumos y una distribución irregular del dulzor.

Una buena pasta debe integrarse sin dejar bolsas compactas de dátil. Si la receta lleva frutos secos, avena o cacao, conviene triturar primero el dátil con el líquido y añadir después los ingredientes secos. Así evitas acabar con una masa donde una esquina sabe a dátil y la otra a cartón con pretensiones.

Tabla rápida de comportamiento culinario

Objetivo de la recetaCómo funciona la pasta de dátilesAjuste habitual
Bizcocho esponjosoPuede aportar demasiada humedad y densidadReducir otros líquidos y controlar el horneado
Brownie o bizcocho húmedoEncaja bien con una textura compactaAjustar el dulzor según el cacao y el chocolate
Galletas crujientesTiende a ablandar la masaNo esperar el mismo crujiente que con azúcar seco
Barritas y trufasAporta cohesión y facilita formar la mezclaVigilar la cantidad total por ración
Porridge o yogurEndulza y añade sabor con facilidadUsar poca cantidad; el resto del plato también cuenta
Salsas y aliños dulcesPuede espesar y redondear el saborDiluir progresivamente y equilibrar con acidez

El error más frecuente es calcular solo la sustitución del azúcar y olvidar que la pasta ocupa volumen. Dos tercios de taza no equivalen a dos tercios de taza de azúcar desde el punto de vista tecnológico. La humedad, la fibra y la textura alteran la estructura de la receta.

Y si estás buscando repostería saludable sin azúcar, conviene traducir esa etiqueta. Muchas veces significa sin azúcar añadido, no sin azúcares. La pasta de dátiles contiene azúcares naturales. El organismo no les entrega una medalla por proceder de una fruta.

¿Es mejor un dátil entero que la pasta?

En términos de estructura alimentaria, el dátil entero suele ofrecer más resistencia física y una experiencia de consumo más lenta. Hay que masticarlo. Tiene un tamaño concreto. Es más fácil identificar cuántas unidades estás comiendo.

La pasta, en cambio, permite concentrar varios dátiles en una preparación que se consume deprisa. Eso no la convierte en un alimento problemático por definición. Sí facilita que perdamos la referencia de la cantidad. Una crema dulce se incorpora a una masa y deja de parecer un ingrediente principal, aunque lo sea.

Este patrón aparece en muchas recetas de redes sociales: dátiles, avena, cacao, crema de cacahuete y chocolate. Todo son ingredientes con buena reputación individual. El resultado puede ser una preparación casera sabrosa y razonable. También puede ser una bomba energética en pequeñas porciones, especialmente si nadie define qué significa exactamente una porción.

El contexto vuelve a mandar. Una pequeña cantidad de pasta de dátiles en un yogur natural con frutos secos no tiene el mismo papel que una bandeja de barritas elaborada con una taza entera de pasta, crema de frutos secos y chocolate. No hay que demonizar la segunda opción. Hay que dejar de llamarla desayuno equilibrado por el mero hecho de no llevar azúcar blanco.

La calidad nutricional se valora por el conjunto:

  • ¿Qué cantidad de pasta de dátiles lleva la receta?
  • ¿Cuántas raciones salen de verdad?
  • ¿Qué otros ingredientes aportan hidratos y energía?
  • ¿Hay una fuente clara de proteína?
  • ¿La fibra procede solo de una pequeña cantidad de dátil o también de avena, fruta entera, legumbres o frutos secos?
  • ¿Se come como postre ocasional o como alimento dulce varias veces al día?

Esta última pregunta suele ser la que nadie quiere contestar. El ingrediente no decide la frecuencia. La conducta sí.

El lugar de la pasta de dátiles en una alimentación sensata

La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar los azúcares libres a menos del 10 % del aporte energético diario y plantea, como objetivo preferible en adultos, mantenerse por debajo de 25 gramos al día. La discusión sobre si los azúcares de la pasta de dátiles entran o no en esa categoría según la institución no debería utilizarse para esquivar el problema práctico: una dieta con demasiados alimentos dulces sigue siendo una dieta con demasiados alimentos dulces.

Puedes preparar un bizcocho con dátiles y reducir el azúcar refinado. Eso puede mejorar la presencia de fibra y micronutrientes, además de evitar el dulzor plano de una receta basada exclusivamente en sacarosa. Pero el objetivo no debería ser fabricar una versión que permita comer el doble. Si para sentirte tranquilo necesitas añadir más cantidad porque el producto lleva una etiqueta de saludable, no has mejorado la decisión: has cambiado el argumento.

La pasta de dátiles tiene sentido cuando:

  • Quieres endulzar una receta con un ingrediente que aporta sabor y algo de fibra.
  • Te interesa una textura húmeda en brownies, barritas o trufas.
  • Vas a utilizarla en una cantidad moderada y dentro de una receta completa.
  • Sustituye realmente al azúcar, la miel o los siropes, en lugar de sumarse a ellos.
  • Te ayuda a comer una preparación casera con una lista de ingredientes comprensible.

Tiene menos sentido cuando:

  • Se utiliza para justificar postres de consumo diario.
  • La receta concentra pasta de dátiles, plátano, miel, sirope y chocolate y aun así se presenta como sin azúcar.
  • Se ignora la cantidad total de hidratos por ración.
  • Se recomienda sin matices a personas con diabetes.
  • Se convierte en la base de todas las comidas dulces del día.

La solución no consiste en declarar al dátil culpable de la epidemia de bizcochos caseros. Estamos destrozando nuestra relación con la comida cuando convertimos cada ingrediente en un tótem o en un demonio. El azúcar blanco no es veneno en una cucharadita. El dátil no es una licencia para comer una bandeja de galletas.

Entonces, ¿es una alternativa saludable?

La pasta de dátiles puede ser una alternativa nutricionalmente más interesante que el azúcar refinado en algunas recetas, sobre todo porque conserva fibra, potasio y otros componentes del fruto. También suele aportar menos calorías por peso cuando contiene más agua. Pero sigue siendo un alimento concentrado en hidratos y azúcares naturales: alrededor de 66 gramos de azúcares por 100 gramos de pasta, según los valores de referencia disponibles.

La respuesta honesta es menos viral que un titular de redes sociales: depende de para qué la utilices y de qué sustituya.

Si reemplaza al azúcar y la receta se consume en una ración razonable, puede formar parte de una alimentación saludable. Si se añade a una preparación que ya era dulce, no estamos ante una sustitución. Estamos ante una acumulación con maquillaje nutricional.

El mejor uso de la pasta de dátiles no es convertirla en protagonista de una religión culinaria. Es emplearla como una herramienta: medirla, entender su efecto en la receta y aceptar que un dulce casero sigue siendo un dulce aunque tenga una lista de ingredientes fotogénica.

Porque la nutrición seria suele terminar ahí, en una conclusión poco espectacular: el dátil mejora ciertos aspectos del azúcar refinado, pero no elimina las calorías, los hidratos ni la necesidad de moderación. Si lo compras, úsalo con criterio. Y si la receta necesita media taza para parecer comestible, quizá el problema no sea el azúcar. Quizá la receta sea mala.

Preguntas frecuentes

¿La pasta de dátiles es más saludable que el azúcar blanco?
Puede ser una alternativa nutricionalmente más interesante en algunas recetas porque conserva fibra, potasio y otros componentes del fruto. Aun así, sigue concentrando hidratos y azúcares naturales, por lo que no permite comer postres sin límite.
¿Cuántos azúcares tiene la pasta de dátiles?
Como referencia aproximada, 100 gramos de pasta de dátiles aportan unos 66 gramos de azúcares naturales y alrededor de 8 gramos de fibra. Las cifras varían según la proporción de dátil y agua y según la variedad utilizada.
¿La pasta de dátiles tiene un índice glucémico bajo?
Suele asociarse a un índice glucémico estimado de alrededor de 50, considerado bajo. Sin embargo, la carga glucémica aproximada puede ser alta, de unos 38 por cada 100 gramos, porque también importa la cantidad total de hidratos.
¿Cuánta pasta de dátiles se usa para sustituir el azúcar en repostería?
La equivalencia habitual es utilizar aproximadamente dos tercios de taza de pasta de dátiles por cada taza de azúcar blanco. Es solo una orientación, porque la pasta aporta agua, fibra y volumen, y puede exigir ajustes en los líquidos y el horneado.
¿Es mejor comer el dátil entero que tomarlo en pasta?
El dátil entero suele requerir más masticación y facilita identificar cuántas unidades se comen. La pasta permite concentrar varios dátiles en una preparación y hace más fácil perder la referencia de la cantidad.