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Una columna de Pau Echegaray

Carga de hidratos para maratón: por qué evito la pasta

La pregunta que más se repite cuando se acerca un maratón es sencilla: ¿cuánto hay que comer la noche anterior? La respuesta que suele aparecer también: un plato enorme de pasta. Y aquí empieza el problema.

Pau Echegaray, Dietista-nutricionista clínico y divulgador metabólico·Actualizado: 25 de agosto de 2026·14 min de lectura

Carga de hidratos para maratón: por qué evito la pasta

Un plato grande de pasta cocida puede aportar alrededor de 120-150 gramos de hidratos de carbono. Para un corredor de 70 kilos que necesita hacer una carga adecuada, la cifra diaria puede situarse entre 560 y 840 gramos durante los días previos.

No hace falta sacar la calculadora para entender el despropósito. Una cena no puede resolver lo que no has construido durante las 48-72 horas anteriores. El glucógeno muscular y hepático —la forma en la que almacenamos hidratos para utilizarlos durante el ejercicio— no se llena a golpe de tenedor a las diez de la noche.

La pasta no es el enemigo. El enemigo es convertirla en una especie de sacramento deportivo y pretender que sustituya a toda la estrategia de nutrición pre maratón.

El mito de la pasta: un plato no hace una carga

Durante décadas, la imagen de la víspera del maratón ha sido bastante repetitiva: mantel de restaurante italiano, plato de pasta hasta el borde y la convicción de que mañana el cuerpo correrá gracias a esa cena. Es una explicación cómoda. También es incompleta.

La carga de hidratos de carbono para maratón consiste en aumentar de forma planificada la ingesta de carbohidratos durante las 36-72 horas previas a la prueba. El objetivo es elevar las reservas de glucógeno en los músculos y el hígado. No consiste en comer hasta quedarse inmóvil.

¿Por qué importa tanto? Porque las reservas habituales de glucógeno pueden sostener aproximadamente entre 75 y 120 minutos de ejercicio continuado a intensidad moderada-alta. Un maratón, salvo que estés pensando en hacer turismo con dorsal, suele durar más. Cuando el glucógeno empieza a escasear, mantener el ritmo se vuelve mucho más difícil. Aparece la sensación de piernas vacías, el ritmo se descompone y cada kilómetro parece facturado por una empresa de cobro de deudas.

La estrategia antigua de carga, popularizada con el protocolo de Åstrand publicado en 1967, incluía una fase intensa de depleción: vaciar los depósitos con ejercicio y restringir los hidratos antes de volver a aumentarlos. Hoy ese enfoque está en desuso para la mayoría de corredores porque añade fatiga y puede causar problemas digestivos. No necesitas llegar a la carrera con los depósitos vacíos y el sistema nervioso negociando un alto el fuego.

El protocolo moderno es mucho menos teatral: entrenar con normalidad, reducir progresivamente la carga de ejercicio y aumentar los hidratos en los días previos.

La pasta puede formar parte de la carga. Lo que no puede hacer es cargar ella sola con todo el maratón.

El error no está necesariamente en el alimento. Está en la escala y en el momento. Si durante dos días comes poco, entrenas, llegas a la víspera con reservas mediocres y decides arreglarlo con un bol gigante de espaguetis, no estás haciendo una carga. Estás intentando negociar con la fisiología mediante una cena indigesta.

Las matemáticas del glucógeno: 8-10 gramos por kilo no son una decoración

Las recomendaciones habituales para una carga de hidratos antes de un maratón se mueven entre 8 y 10 gramos de carbohidratos por kilo de peso corporal al día durante las 48-72 horas previas. En fases de carga máxima, algunas pautas llegan a plantear 10-12 gramos por kilo y día, siempre dependiendo del volumen de entrenamiento, el tamaño corporal, la tolerancia digestiva y el contexto de la prueba.

Hagamos números sencillos. Un corredor de 70 kilos tendría como referencia:

Peso corporalObjetivo de hidratos aproximadoQué significa en la práctica
60 kg480-600 g al díaVarias comidas y tentempiés ricos en hidratos
70 kg560-700 g al díaLa pasta de una sola cena queda muy lejos
80 kg640-800 g al díaHace falta aumentar la densidad energética sin comer toneladas de comida
90 kg720-900 g al díaLa planificación y las bebidas con hidratos pueden ser útiles

Estas cifras no son una competición para ver quién consigue masticar más arroz. Son una referencia de la cantidad total diaria. Se reparten entre desayuno, comida, cena, tentempiés y, si hace falta, bebidas con hidratos.

Un plato grande de pasta cocida puede aportar 120-150 gramos de carbohidratos. Incluso usando la cifra alta, cubriría solo una parte del objetivo de un corredor de 70 kilos. Y todavía no hemos hablado de lo que ocurre cuando ese plato se acompaña de una montaña de verduras, una salsa grasa, queso en cantidades industriales y un postre que parece diseñado para rematar la digestión.

La pasta tiene una densidad de hidratos razonable, pero no es magia. Además, el contenido final depende de la cantidad cocida, el tipo de pasta y el tamaño real de la ración. El lenguaje de restaurante —normal, grande, especial— no sirve como unidad de medida. Una carga bien planteada necesita algo más de precisión que señalar el plato y decir que ahí dentro debe de haber energía suficiente.

Cómo repartir la carga sin vivir en la cocina

La primera decisión útil es aumentar los hidratos en varias tomas. No hace falta que todas sean enormes. De hecho, dividirlos suele facilitar la digestión y reduce la sensación de estar comiendo por obligación.

Los alimentos para carga de hidratos pueden aparecer en combinaciones bastante menos heroicas que la clásica cena de pasta:

  • Desayuno con pan, avena, cereales sencillos, fruta o yogur con hidratos añadidos.
  • Comida basada en arroz, patata, pan o pasta, con una cantidad moderada de proteína.
  • Tentempiés con pan, fruta madura, tortitas de arroz, cereales o bebidas con hidratos.
  • Cena con una fuente principal de carbohidratos, sin convertirla en un desafío gastrointestinal.
  • Bebidas isotónicas o preparados de maltodextrina cuando alcanzar el objetivo solo con comida sólida resulta demasiado voluminoso.

La proteína sigue teniendo su sitio, pero la víspera no necesitas construir músculo a martillazos. Las grasas aportan energía, sí, pero ralentizan el vaciado gástrico y pueden hacer más pesada una ingesta ya abundante. La carga es, sobre todo, una estrategia de hidratos. Si llenas el plato de grasa porque la comida parece triste sin ella, has cambiado el objetivo del experimento.

Menos fibra y grasa: no porque sean malas, sino porque el intestino también compite

En los días normales, una alimentación rica en fibra suele ser una buena idea. Frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos pueden formar parte de una dieta saludable. El problema es que las 48-72 horas previas a un maratón no son un día cualquiera.

Cuando aumentas mucho los hidratos y mantienes además grandes cantidades de fibra, grasas y alimentos de digestión lenta, el volumen total de comida puede dispararse. El intestino recibe más trabajo justo cuando te interesa llegar ligero y predecible. Y en carrera, la palabra predecible tiene un valor enorme. Sobre todo cuando el siguiente baño está a varios kilómetros.

Durante la fase de carga suele ser útil reducir la fibra y la grasa, especialmente si tienes tendencia a sufrir molestias gastrointestinales. No se trata de eliminar grupos de alimentos para siempre. Se trata de escoger, durante un periodo concreto, formatos más fáciles de digerir.

Esto puede significar cambiar temporalmente:

  • Arroz integral por arroz blanco.
  • Pan integral muy denso por pan blanco o de menor contenido en fibra.
  • Grandes ensaladas por raciones más pequeñas de verduras cocinadas.
  • Legumbres por otras fuentes de hidratos si sabes que te generan gases o pesadez.
  • Frutos secos y salsas grasas por opciones más ligeras.
  • Grandes cantidades de fruta con piel por fruta madura y más fácil de tolerar.

¿Y el gluten? Aquí conviene no hacer el ridículo habitual de internet. El gluten no es un veneno universal y retirar el trigo no mejora automáticamente el rendimiento. Si tienes enfermedad celíaca, sensibilidad diagnosticada o una intolerancia concreta, el enfoque debe adaptarse. Si no, el problema de una cena de pasta puede ser simplemente el volumen, la cantidad de fibra, la salsa o el hecho de que has comido demasiado deprisa.

La tolerancia gastrointestinal individual no se puede adivinar desde una tabla. Hay corredores que toleran bien el pan blanco, el arroz y la pasta. Otros se encuentran mejor con patata o bebidas con hidratos. Esa respuesta se entrena durante las tiradas largas, no el día antes del maratón.

El intestino también necesita entrenamiento. Estrenar una estrategia nutricional en la víspera es una forma bastante eficiente de descubrir que no era tan buena.

La nutrición pre maratón no admite demasiadas novedades. Si nunca has tomado maltodextrina, no conviertas el desayuno del día de la carrera en un laboratorio. Si la avena te provoca pesadez, que tenga fama de saludable no la convierte en una opción obligatoria. Y si la pasta siempre te sienta bien, no necesitas desterrarla por seguir una moda antigluten de dudosa calidad.

Alternativas a la pasta para correr: más densidad, menos drama

La pregunta útil no es si la pasta es buena o mala. La pregunta es qué alimentos te permiten alcanzar los hidratos necesarios sin llenar el aparato digestivo de una cantidad absurda de comida.

El arroz blanco suele ser una opción práctica porque aporta hidratos, tiene poca fibra y permite ajustar la cantidad con facilidad. La patata cocida o asada también puede funcionar, aunque su contenido de agua hace que necesites un volumen mayor para obtener la misma cantidad de carbohidratos que con otros alimentos más densos. El pan blanco, los cereales sencillos, la avena, la fruta madura y las bebidas isotónicas completan el repertorio.

No todos los hidratos tienen que aparecer en el mismo plato. Esa obsesión por identificar una comida perfecta es otra forma de complicar lo sencillo.

Un día de carga puede ser variado

Un esquema general podría combinar varias fuentes:

1. Desayuno con una base generosa de hidratos. Pan, avena o cereales, junto con fruta y una fuente moderada de proteína. Si el desayuno se queda corto, el resto del día empieza cuesta arriba.

2. Comida con arroz, patata o pasta. La ración de hidratos debe ser el centro del plato. La proteína acompaña; no hace falta que ocupe media bandeja.

3. Tentempiés fáciles de transportar. Pan con mermelada, fruta madura, tortitas de arroz, cereales sencillos o una bebida con hidratos pueden evitar que intentes resolver toda la carga en dos comidas.

4. Cena sin experimentos. Puedes tomar pasta si la toleras, pero en una cantidad razonable y con una salsa ligera. También arroz, patata o pan. La cena no debe ser una demostración de fuerza mandibular.

5. Bebidas con hidratos cuando el volumen sólido se vuelve excesivo. La maltodextrina y las bebidas isotónicas pueden ayudar a alcanzar el objetivo con menos carga mecánica para el estómago. No son suplementos mágicos. Son una herramienta logística.

Este último punto suele generar confusión. Una bebida con maltodextrina no sustituye a una dieta completa ni convierte una mala planificación en una buena. Simplemente aporta carbohidratos en un formato que, para algunas personas, resulta más fácil de consumir.

También hay que distinguir entre la carga previa y la ingesta durante la carrera. Llegar con los depósitos llenos no significa que puedas correr un maratón sin beber ni tomar hidratos. La prueba durará más que la autonomía de tus reservas basales, y la estrategia durante el recorrido debe haberse practicado previamente.

Qué comer antes de un maratón sin irritar el estómago

La última comida importante debe ser familiar, relativamente baja en fibra y grasa, y suficiente en hidratos. No existe un desayuno universal. Hay quien tolera pan con mermelada y plátano. Otros prefieren arroz, cereales o una bebida con carbohidratos. Algunos necesitan comer con bastante antelación; otros funcionan mejor con una ingesta más cercana y ligera.

Lo que sí suele ser mala idea es mezclar varias decisiones arriesgadas:

  • Aumentar de golpe la cantidad de comida.
  • Introducir un suplemento nuevo.
  • Tomar alimentos muy grasos.
  • Añadir grandes cantidades de fibra.
  • Beber más de lo habitual sin necesidad.
  • Copiar el desayuno de otro corredor porque terminó por delante de ti.

La fisiología no funciona por admiración. Si esa persona tolera un bol de avena con frutos secos, café y fruta justo antes de salir, eso no demuestra que tu estómago vaya a firmar el mismo contrato.

La báscula sube: no estás ganando grasa durante la carga

Hay un detalle que desconcierta a muchos corredores: el peso puede aumentar entre 1 y 2 kilos durante la carga. La reacción suele ser inmediata. Han comido más hidratos, ven un número mayor en la báscula y concluyen que están acumulando grasa justo antes de competir. No es la interpretación más probable.

Por cada gramo de glucógeno almacenado, el organismo retiene aproximadamente 3 gramos de agua. Cuando aumentas los hidratos, elevas las reservas de glucógeno y, con ellas, el agua asociada. Ese incremento temporal de peso es una consecuencia esperable de llegar con depósitos más llenos.

No es grasa corporal acumulada en un fin de semana. Es agua y glucógeno, además del contenido digestivo que acompaña a una ingesta mayor. El cuerpo no está saboteando tu carrera porque la báscula marque más. Está almacenando combustible.

Conviene dejar de interpretar cada fluctuación de peso como si fuese un informe completo sobre tu composición corporal. La báscula no distingue entre grasa, agua, glucógeno y comida en tránsito. Tiene una pantalla, no una licenciatura en fisiología.

La subida puede ser especialmente visible en personas que venían comiendo pocos hidratos o que han reducido mucho la ingesta durante la preparación. En esos casos, la reposición de glucógeno puede acompañarse de un cambio claro en el peso. Si has planificado bien la carga, el dato no debería alarmarte.

La carga no consiste en comer sin límite

Más hidratos no significa cualquier cantidad de cualquier cosa. Una carga excesiva puede provocar hinchazón, reflujo, diarrea o una noche de sueño miserable. Y dormir mal antes del maratón no se arregla con una cucharada adicional de pasta.

La referencia de 8-10 gramos por kilo es una guía de trabajo, no una orden para forzarte a comer si estás completamente lleno. La cifra debe ajustarse a tu tamaño corporal, tu gasto, tu nivel de entrenamiento, la duración prevista de la prueba y la tolerancia digestiva. En deportistas con grandes necesidades o estrategias muy exigentes puede plantearse una carga mayor, pero eso no convierte el exceso en virtud.

La aplicación práctica se parece más a esto:

  • Empiezas a aumentar los hidratos con tiempo, no en la última cena.
  • Repartes las tomas para evitar atracones.
  • Priorizas alimentos que ya sabes que toleras.
  • Reduces temporalmente la fibra y la grasa si te dan problemas.
  • Mantienes una hidratación normal y coherente.
  • Aceptas que el peso pueda subir por el agua asociada al glucógeno.
  • Ensayas la estrategia en entrenamientos largos.

La parte de ensayar es la que más se salta. Muchos corredores entrenan el ritmo, las zapatillas, la ropa y hasta la música, pero improvisan la alimentación. Después culpan a la pasta, al gel o a la carrera. El problema suele ser más aburrido: nunca probaron el plan.

Por qué evito la pasta, en realidad

Digo que evito la pasta cuando la conversación se reduce a una cena gigantesca de pasta. No la evito como alimento. La evito como superstición.

Si la toleras, puedes incluirla en la carga. Si te gusta, facilita la adherencia. Si forma parte de tus comidas habituales, no hay ningún premio por sustituirla. Pero no tiene sentido construir toda la estrategia alrededor de un único plato cuando necesitas varios cientos de gramos de hidratos a lo largo del día.

El arroz, la patata, el pan, la avena, la fruta, los cereales sencillos y las bebidas con carbohidratos permiten distribuir mejor la carga. También permiten encontrar la combinación que tu intestino acepta. Porque ese es el criterio que manda: no la fama del alimento, no el consejo del corredor de la mesa de al lado y mucho menos el vídeo de un gurú que utiliza la palabra inflamación como comodín.

La mejor carga de hidratos es la que llega a tus músculos sin arruinarte el estómago. Es una estrategia repetible, cuantificada con sentido y practicada antes. No una cena ceremonial.

Para un maratoniano de 70 kilos, pensar en 560-700 gramos de hidratos al día durante la fase de carga puede parecer mucho. Lo es, comparado con una dieta cotidiana. Precisamente por eso una sola cena no basta. Hay que repartir, elegir formatos densos y aceptar que comer para rendir no siempre se parece a comer por placer.

La pasta puede estar en el plato. Lo que no debería estar es en el centro de una religión.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos hidratos hay que tomar antes de un maratón?
Las recomendaciones habituales se sitúan entre 8 y 10 gramos de hidratos por kilo de peso corporal al día durante las 48-72 horas previas. La cantidad debe ajustarse al volumen de entrenamiento, el tamaño corporal, la tolerancia digestiva y el contexto de la prueba.
¿Una cena de pasta basta para cargar hidratos antes de un maratón?
No. Un plato grande de pasta cocida puede aportar alrededor de 120-150 gramos de hidratos, mientras que un corredor de 70 kilos puede tener como referencia unos 560-700 gramos al día durante la carga.
¿Qué se puede comer para cargar hidratos sin tomar pasta?
Se pueden utilizar arroz blanco, patata, pan blanco, cereales sencillos, avena, fruta madura, tortitas de arroz y bebidas isotónicas o con maltodextrina. Lo importante es repartir los hidratos y elegir alimentos que ya se toleren bien.
¿Hay que reducir la fibra antes de un maratón?
Durante la carga puede ser útil reducir temporalmente la fibra y la grasa, especialmente si suelen causar molestias gastrointestinales. Algunas opciones son sustituir el arroz integral por arroz blanco, reducir las ensaladas grandes y elegir fruta madura más fácil de tolerar.
¿Es normal ganar peso durante la carga de hidratos?
El peso puede aumentar entre 1 y 2 kilos porque el glucógeno almacenado retiene aproximadamente 3 gramos de agua por cada gramo. También puede influir el mayor contenido digestivo de una ingesta más abundante.
¿Cuándo hay que probar la estrategia de alimentación para el maratón?
La estrategia debe ensayarse durante los entrenamientos largos. Estrenar alimentos, suplementos o cantidades de comida el día anterior o la mañana de la carrera puede aumentar el riesgo de molestias digestivas.