El flato de David: lección sobre la fibra preentreno
Entre el 30 % y el 50 % de los atletas sufren molestias gastrointestinales durante el ejercicio. Gases, distensión abdominal, náuseas, pesadez, urgencia intestinal y ese dolor punzante en el costado que muchos llaman flato. No es una rareza.
Pau Echegaray, Dietista-nutricionista clínico y divulgador metabólico·Actualizado: 28 de agosto de 2026·15 min de lectura

Tampoco es una señal automática de que tu intestino esté enfermo o de que necesites comprar un suplemento con un nombre marciano.
A menudo el problema empieza bastante antes de ponerse las zapatillas. Concretamente, en ese desayuno que parece impecable sobre el papel: avena, semillas, frutos secos, fruta, yogur y café. Saludable, sí. Adecuado treinta minutos antes de correr, no necesariamente.
El desayuno preentreno con fibra y digestión lenta puede ser una combinación excelente para una mañana tranquila y una pésima idea cuando vas a pedirle al cuerpo que corra, salte o levante cargas pesadas poco después. La fisiología no negocia con las etiquetas de moda. Si comes como si fueras a sentarte a trabajar y entrenas como si huyeras de un incendio, el estómago puede presentar una reclamación.
El caso de David: cuando la avena se convierte en tu peor enemiga
Llamemos David al deportista que desayuna avena con bebida vegetal, plátano poco maduro, semillas de chía y un puñado de almendras antes de salir a correr. El menú tiene fibra, grasas saludables, carbohidratos complejos y una buena dosis de nutrientes. En Instagram recibiría la aprobación inmediata. En su aparato digestivo, quizá no tanto.
David termina de desayunar y sale a entrenar media hora después. Durante los primeros kilómetros aparecen los gases. Después, una sensación de estómago lleno. Finalmente llega el dolor en el costado y la necesidad de bajar el ritmo. ¿Ha hecho algo insano? No. ¿Ha elegido mal los alimentos? Tampoco exactamente. Ha colocado alimentos razonables en una ventana de tiempo poco razonable.
Aquí está la distinción que suele perderse en las recomendaciones genéricas: un alimento no es preentreno por naturaleza. Lo convierte en preentreno la combinación entre cantidad, digestibilidad, tolerancia individual, intensidad del ejercicio y tiempo disponible hasta la sesión.
La avena puede funcionar muy bien si la consumes con margen suficiente. Una comida completa rica en fibra y carbohidratos complejos suele necesitar entre dos y tres horas de digestión antes de realizar actividad física. Si solo tienes treinta o cuarenta minutos, el mismo bol puede quedarse dando vueltas en el estómago mientras intentas mantener el ritmo.
La fibra no es el enemigo del deportista. El problema es tratar una comida de digestión lenta como si fuera un aperitivo de última hora.
También conviene desmontar otra confusión: el flato no tiene una causa única. La fibra puede favorecer gases, distensión y molestias, pero el dolor abdominal transitorio también se relaciona con la respiración, el impacto mecánico, la intensidad y la redistribución del flujo sanguíneo. Culpar exclusivamente a la fibra es tan simplista como culpar siempre al gluten, a la leche o a la luna llena.
Fisiología del esfuerzo: por qué tu estómago deja de ser prioritario
Cuando entrenas, el organismo reorganiza sus prioridades. Los músculos que trabajan necesitan oxígeno y nutrientes. El sistema cardiovascular responde enviando más sangre hacia ellos y hacia otros tejidos implicados en el esfuerzo. El tracto digestivo queda en segundo plano.
Dicho en lenguaje de andar por casa: mientras corres, tu cuerpo no está especialmente interesado en hacer una digestión pausada y eficiente. Está intentando que mantengas el ritmo.
Durante el ejercicio, el flujo sanguíneo se desvía prioritariamente hacia los músculos. El riego del sistema digestivo puede reducirse, sobre todo cuando la intensidad es elevada, hace calor, existe deshidratación o el esfuerzo se prolonga. En esas condiciones, asimilar una comida abundante, grasa o muy fibrosa resulta más difícil.
La digestión tampoco consiste en echar comida al estómago y esperar que desaparezca por arte de magia. El alimento debe mezclarse, fragmentarse y avanzar progresivamente hacia el intestino. El vaciado gástrico depende de la cantidad ingerida, la densidad energética, la presencia de grasa, la composición de los carbohidratos, la fibra y la tolerancia particular de cada persona.
La fibra ralentiza el vaciado gástrico. Esto puede ser beneficioso durante el día porque favorece la saciedad, modula la respuesta glucémica y contribuye a una alimentación de mayor calidad. Pero justo antes de correr, esa misma digestión más lenta puede convertirse en una carga mecánica y digestiva.
Además, algunos alimentos ricos en fibra fermentan en el intestino. La fermentación forma parte de la actividad normal de la microbiota, pero también puede generar gases. Si a esa producción de gas le sumamos rebotes, contracciones abdominales y menor flujo digestivo, el resultado no es precisamente una experiencia gastronómica memorable.
Por eso entre un 30 % y un 50 % de los atletas refieren molestias gastrointestinales durante el ejercicio. No todos los casos se explican por la alimentación, pero la comida previa es una de las variables que más fácilmente se puede ajustar.
El flato no es una sentencia contra la fibra
Si el dolor aparece después de comer avena, no significa que la avena sea incompatible contigo para siempre. Puede que la ración sea demasiado grande. Puede que la tomes demasiado cerca del entrenamiento. Puede que la combines con semillas, frutos secos y fruta en una mezcla de fibra y grasa que necesita más tiempo. Puede que el problema esté en el ritmo, la respiración o el impacto.
La solución no consiste en declarar la guerra a todos los alimentos vegetales. Consiste en separar dos objetivos distintos:
- La alimentación diaria debe aportar suficiente fibra y variedad.
- La ingesta inmediatamente anterior al ejercicio debe priorizar la tolerancia y la digestibilidad.
Para mujeres activas, la referencia práctica recogida en la información disponible se sitúa en torno a 30-35 gramos de fibra al día. En hombres activos, alrededor de 40-45 gramos. Son orientaciones para el conjunto de la jornada, no una invitación a concentrar toda esa fibra en el bol que te comes cuarenta minutos antes de entrenar.
La trampa de la fibra: vaciado gástrico, gases y pesadez
La palabra fibra suele aparecer acompañada de una aureola de virtud. Y con razón: muchas dietas deportivas se quedan cortas en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. El problema empieza cuando convertimos una recomendación general en una regla absoluta para cualquier momento del día.
No toda la fibra se comporta igual. Tampoco todos los alimentos ricos en fibra producen la misma respuesta. La cantidad de agua, el grado de maduración de la fruta, la cocción, el tamaño de la ración y la costumbre intestinal influyen mucho.
Un plato de arroz integral con verduras y legumbres puede ser una buena comida varias horas antes de entrenar. El mismo plato justo antes de una sesión de series es otro asunto. No porque sea malo. Porque el contexto ha cambiado.
Qué alimentos pueden sentar peor antes de entrenar
Los alimentos que más problemas generan dependen de cada deportista, pero hay patrones bastante previsibles:
- Avena y cereales integrales en raciones grandes: aportan carbohidratos de digestión más lenta y fibra. Son útiles con margen, pero pueden provocar sensación de llenado si se consumen cerca del esfuerzo.
- Semillas de chía, lino y mezclas de frutos secos: concentran fibra y grasa. Nutricionalmente son interesantes; como combustible de última hora, suelen ser poco eficientes.
- Legumbres: su contenido en fibra y ciertos carbohidratos fermentables puede aumentar los gases en personas sensibles.
- Frutas muy fibrosas o poco maduras: el plátano poco maduro, por ejemplo, puede resultar menos tolerable que uno maduro para algunas personas.
- Verduras crudas en grandes cantidades: el volumen y la fibra pueden aumentar la distensión abdominal antes de correr.
- Barritas con mucha fibra añadida: que el envase presuma de fibra no significa que el producto sea apropiado justo antes de una sesión intensa.
- Alimentos muy grasos: aunque no sean especialmente ricos en fibra, también ralentizan el vaciado gástrico y pueden contribuir a la pesadez.
Esto no es una lista de alimentos prohibidos. Es una lista de sospechosos habituales. Si cada vez que comes una ensalada antes de correr acabas buscando un baño, quizá la ensalada no sea la mejor estrategia para ese momento concreto. La nutrición deportiva no premia la terquedad.
La intensidad cambia las reglas
Una caminata suave no exige lo mismo que una sesión de intervalos, una carrera de montaña o un entrenamiento pesado de piernas. Cuanto mayor sea la intensidad, más probable es que aparezcan molestias si el estómago todavía está procesando una comida abundante.
También influye el tipo de ejercicio. Correr implica impacto repetido. Ese movimiento puede agravar la sensación de rebote, gases o urgencia intestinal. En bicicleta, algunas personas toleran mejor ciertas comidas porque el impacto es menor, aunque la posición corporal y la intensidad también pueden complicar la digestión. En fuerza, una comida demasiado voluminosa puede resultar incómoda durante sentadillas, peso muerto o movimientos que aumenten la presión intraabdominal.
Por eso no existe un desayuno universal para runners ni una receta sagrada que funcione para todos. Existe una relación entre el alimento, el horario y el tipo de sesión. Y esa relación se puede entrenar.
Cronología del desayuno: qué comer según el tiempo disponible
El reloj manda más de lo que suele admitir la cultura del desayuno saludable. No es lo mismo desayunar a las siete y entrenar a las diez que terminar el café y empezar a correr a las siete y media.
Cuanto menos tiempo queda, más conviene reducir el volumen, la grasa y la fibra. A medida que aumenta el margen, puedes introducir alimentos más completos y de digestión lenta. No hay magia. Hay fisiología básica y algo de sentido común, dos productos con menos publicidad que los polvos de colores.
Si faltan entre dos y tres horas
Este es el margen más cómodo para una comida completa. Permite incluir carbohidratos de digestión más lenta y una cantidad moderada de proteína, siempre que ya conozcas tu tolerancia.
Algunas opciones pueden ser:
- Avena cocida con yogur y fruta madura.
- Pan integral con huevo y una pieza de fruta, si lo toleras.
- Arroz o patata con una fuente ligera de proteína cuando el entrenamiento es más tarde.
- Yogur con cereales y fruta, ajustando la cantidad de fibra a tu tolerancia.
- Tostadas con queso fresco y fruta madura.
La clave está en no convertir el desayuno en una competición de ingredientes saludables. Avena, semillas, frutos secos, fruta, proteína en polvo y crema de cacahuete pueden caber en la misma receta. Otra cuestión es que necesites meterlos todos a la vez.
Si tu comida contiene mucha fibra y proteína, el margen de dos o tres horas resulta más razonable. La grasa también cuenta: una cantidad elevada puede retrasar todavía más el vaciado gástrico.
Si faltan entre 60 y 90 minutos
Aquí conviene simplificar. Puedes mantener una cantidad moderada de carbohidratos y reducir los alimentos que aportan mucho volumen, grasa o fibra.
Opciones prácticas:
- Pan blanco o de masa sencilla con mermelada.
- Plátano maduro.
- Yogur líquido si lo toleras.
- Cereales bajos en fibra con leche o bebida que digieras bien.
- Tostada con una pequeña cantidad de queso fresco.
- Compota o fruta cocida.
No hace falta que todos tus carbohidratos sean integrales. El carbohidrato de absorción rápida tiene una función concreta cuando el entrenamiento está cerca. Demonizarlo porque el paquete es blanco es una forma bastante rudimentaria de entender la nutrición.
Si faltan menos de 60 minutos
En esta ventana la prioridad es que el alimento salga del estómago con facilidad. Se suelen priorizar carbohidratos simples y reducir al mínimo la fibra y la grasa.
El plátano maduro y el pan blanco son ejemplos clásicos porque suelen aportar energía con poco volumen y una digestión relativamente sencilla. También pueden encajar pequeñas cantidades de compota, bebida deportiva o algún alimento líquido que ya hayas probado.
La palabra importante aquí es probado. El día de una competición no es el momento de descubrir que el gel que compraste contiene un edulcorante que convierte tu intestino en una sala de emergencias.
| Tiempo hasta entrenar | Prioridad | Mejor limitar | Ejemplos orientativos |
|---|---|---|---|
| 2-3 horas | Comida completa con carbohidratos, proteína moderada y fibra tolerable | Raciones excesivas y combinaciones muy grasas | Avena cocida con yogur y fruta; tostadas con huevo y fruta |
| 60-90 minutos | Carbohidratos fáciles y menor volumen | Semillas, frutos secos, grandes ensaladas y legumbres | Pan con mermelada; yogur líquido; cereales bajos en fibra |
| 30-60 minutos | Carbohidratos simples y de digestión rápida | Fibra y grasa casi al mínimo | Plátano maduro; pan blanco; compota |
| Menos de 30 minutos | Cantidad pequeña, líquida o muy sencilla según tolerancia | Comidas sólidas abundantes y alimentos nuevos | Bebida deportiva o pequeño aporte de carbohidratos ya probado |
La tabla no sustituye a la tolerancia individual. Solo evita que tomes una decisión absurda por falta de contexto. Si un alimento te sienta mal siempre, no lo conviertas en obligatorio porque alguien lo haya presentado como el desayuno perfecto.
Cómo ajustar la fibra sin destrozar la dieta
Reducir la fibra antes de entrenar no significa eliminarla durante todo el día. Esa interpretación sería tan exagerada como dejar de comer verduras porque una vez te sentó mal una ensalada antes de correr.
La estrategia más razonable consiste en desplazar la fibra hacia otras comidas. Puedes tomar avena, legumbres, verduras y fruta en momentos alejados del entrenamiento. En la ventana previa, eliges una versión más sencilla de tus carbohidratos.
Por ejemplo, si sueles desayunar avena con semillas antes de salir a correr, no tienes que renunciar a la avena para siempre. Puedes:
1. Reducir la cantidad de avena.
2. Cocinarla más y hacerla más blanda.
3. Retirar temporalmente las semillas y los frutos secos.
4. Elegir fruta madura o cocida.
5. Aumentar el tiempo entre el desayuno y la sesión.
6. Cambiar a pan blanco o arroz si entrenas en menos de una hora.
7. Probar la modificación en entrenamientos normales, nunca por primera vez en competición.
La tolerancia también puede mejorar cuando el intestino se acostumbra progresivamente a determinadas cantidades de carbohidratos y fibra. Pero adaptación no significa insistencia ciega. Si cada prueba acaba con dolor intenso, diarrea o incapacidad para completar el entrenamiento, toca revisar la estrategia con más criterio.
La hidratación también participa en el problema
No podemos hablar de digestión preentreno como si el agua no existiera. Una hidratación insuficiente puede empeorar la tolerancia al esfuerzo y favorecer que el sistema digestivo funcione peor. Pero beber grandes cantidades justo antes de salir tampoco es una idea brillante: añade volumen y puede provocar sensación de rebote.
La solución práctica es llegar al entrenamiento razonablemente hidratado, sin intentar compensar toda la mañana con medio litro de golpe. El color de la orina, la sensación de sed, el clima y la duración de la sesión aportan más información que una cifra universal impresa en una botella.
En sesiones largas o con mucho calor, la estrategia de hidratación y carbohidratos necesita más precisión. En una carrera corta de intensidad moderada, quizá no necesites una bebida azucarada, un gel y una barrita con fibra. A veces el problema no es que falte combustible. Es que llevas una despensa entera en el estómago.
La competición exige más disciplina, no más superstición
Antes de una competición de resistencia, puede aconsejarse reducir la ingesta de fibra durante las 24-48 horas previas para minimizar el riesgo de problemas intestinales. La finalidad no es adelgazar, limpiar el organismo ni vaciar supuestas toxinas. Es disminuir el residuo intestinal y reducir la probabilidad de molestias durante una prueba en la que no quieres negociar con tu colon.
La reducción debe ser temporal y estratégica. Puedes elegir pan, arroz o pasta refinados, patata sin piel, fruta madura y raciones moderadas de verduras cocinadas. No hace falta convertir toda la alimentación en productos ultraprocesados ni vivir a base de galletas.
También conviene controlar los experimentos. Una competición no es un laboratorio para probar un desayuno viral, una bebida nueva o una receta con siete ingredientes funcionales. Si algo no ha sido entrenado, no merece ocupar un papel protagonista el día importante.
Qué revisar si el flato aparece con frecuencia
Cuando el problema se repite, conviene mirar el conjunto y no señalar al último alimento ingerido como si fuera el culpable oficial. Revisa estos puntos:
- Hora de la comida: quizá el desayuno necesita más margen.
- Tamaño de la ración: una cantidad saludable puede ser excesiva antes de correr.
- Fibra total de la comida: suma avena, fruta, semillas, frutos secos y cualquier suplemento añadido.
- Grasa: crema de cacahuete, frutos secos, quesos grasos y aceite pueden ralentizar el vaciado.
- Tipo de ejercicio: correr y hacer saltos generan más impacto que pedalear.
- Intensidad: los intervalos y las sesiones exigentes suelen tolerar peor las comidas pesadas.
- Hidratación: tanto llegar deshidratado como beber demasiado de golpe puede sentar mal.
- Respiración y ritmo: el flato no se explica únicamente por lo que has comido.
- Productos nuevos: geles, barritas y bebidas con edulcorantes pueden añadir síntomas.
- Persistencia de los síntomas: si el dolor, la diarrea o las náuseas aparecen también fuera del entrenamiento, ya no hablamos solo de ajustar el desayuno.
No hace falta llevar un registro obsesivo de cada molécula que entra en el cuerpo. Sí ayuda anotar durante unos días qué has comido, cuánto tiempo ha pasado, qué entrenamiento has hecho y qué síntomas aparecen. El objetivo no es convertirte en contable de tu intestino. Es encontrar patrones.
El desayuno perfecto no existe; el desayuno que toleras sí
La nutrición deportiva está llena de frases absolutas: siempre integral, nunca azúcar, fruta obligatoria, avena para todos, proteína en cada comida. La realidad es menos espectacular y bastante más útil. Un alimento puede ser excelente para la salud general y poco práctico antes de un esfuerzo intenso.
La fibra debe formar parte de una dieta deportiva bien planteada. Favorece la calidad global de la alimentación y ayuda a cubrir las necesidades de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. Pero justo antes de entrenar, especialmente si quedan menos de sesenta minutos, suele ser razonable reducirla y elegir carbohidratos más fáciles de digerir.
Si tienes dos o tres horas, puedes desayunar de forma más completa. Si solo dispones de treinta minutos, simplifica. Si vas a competir, prueba la estrategia con antelación. Y si el flato persiste aunque ajustes comida, horario, intensidad e hidratación, no conviertas la fibra en el chivo expiatorio automático.
David no necesitaba una dieta más limpia. Necesitaba entender que una comida saludable también puede estar mal colocada en el reloj. Esa es la lección que nos ahorra más gases, más pesadez y bastantes entrenamientos arruinados: no comas para una sesión imaginaria. Come para el tiempo real que tienes, el esfuerzo real que vas a hacer y el estómago real que te ha tocado.