Dieta cetogénica: nuevos hallazgos sobre su impacto positivo en la salud hepática y glucémica
Según el Science Media Centre España, un ensayo clínico aleatorizado ha encontrado que una dieta cetogénica muy baja en hidratos de carbono podría ofrecer beneficios adicionales sobre el hígado y el…
Pau Echegaray, Dietista-nutricionista clínico y divulgador metabólico·actualizado 28 de agosto de 2026

Según el Science Media Centre España, un ensayo clínico aleatorizado ha encontrado que una dieta cetogénica muy baja en hidratos de carbono podría ofrecer beneficios adicionales sobre el hígado y el control de la glucosa en personas con obesidad, prediabetes y exceso de grasa hepática. La pérdida de peso fue parecida con las tres estrategias estudiadas, pero la cetogénica mostró mejores resultados en algunos marcadores metabólicos. La noticia es relevante, aunque no autoriza a coronar otra dieta milagro.
El peso perdido no cuenta toda la historia
El estudio comparó durante aproximadamente cinco meses tres patrones de alimentación: una dieta cetogénica baja en hidratos y alta en grasas, una dieta mediterránea y una dieta vegetal baja en grasa. Participaron adultos con obesidad, glucemia elevada y acumulación de grasa en el hígado; 42 personas completaron el ensayo, 14 por grupo.
Los tres grupos perdieron aproximadamente el mismo peso. En el material difundido por WashU Medicine, la reducción rondó el 10% del peso inicial y la sensibilidad a la insulina en el músculo mejoró cerca de un 50% respecto al punto de partida. Traducido al lenguaje de consulta: cuando se pierde peso, el metabolismo suele responder mejor, independientemente de que el plato lleve más grasa, más hidratos o una combinación equilibrada.
Hasta aquí, ninguna revolución. La pérdida de peso sigue siendo una pieza central para reducir el riesgo metabólico asociado a la obesidad. El matiz interesante está en lo que ocurrió más allá de la báscula.
Ventaja hepática, pero con letra pequeña
Las personas que siguieron la dieta cetogénica mostraron una mejor respuesta en marcadores relacionados con la diabetes y con la función metabólica del hígado. Los datos apuntan también a una mayor reducción de la grasa hepática y a una mejora adicional del control de la glucosa durante el descenso de peso.
¿Significa esto que la dieta cetogénica es superior en todo? No. Las tres dietas mejoraron de forma similar la respuesta muscular a la insulina. Tampoco se observaron diferencias claras entre grupos en la presión arterial, el colesterol LDL o la apolipoproteína B. Por tanto, vender estos resultados como una victoria global de la cetosis sobre la dieta mediterránea sería inflar la evidencia hasta que reviente.
El ensayo tuvo elementos metodológicos interesantes: asignación aleatoria, comidas proporcionadas al completo y reuniones semanales con una dietista para favorecer la adherencia. Eso permite comparar los patrones con bastante más rigor que el habitual desfile de testimonios en redes sociales. Pero también aleja el experimento de la vida real, donde nadie te entrega todas las comidas preparadas ni te coloca una profesional al lado cada semana.
Qué debería comprobar un paciente antes de copiarla
La principal limitación es el tamaño reducido: solo 42 personas completaron el estudio, con 14 participantes por dieta, y el seguimiento duró unos cinco meses. Es tiempo suficiente para detectar cambios metabólicos relevantes, pero no para saber qué ocurre después de años. En nutrición clínica conviene recordar una obviedad que el marketing detesta: un resultado a corto plazo no equivale a seguridad a largo plazo.
Además, se utilizaron platos congelados y tentempiés preparados. El material disponible no aporta información suficiente sobre sus ingredientes y aditivos para separar con claridad el efecto de la proporción de macronutrientes —grasas, hidratos y proteínas— del efecto de la calidad y el grado de procesamiento de los alimentos. Si compras cualquier producto con una etiqueta que grita «cetogénico», no estás reproduciendo automáticamente el ensayo. Estás comprando ese producto.
También resulta llamativo que una dieta con un 23% de las calorías procedentes de grasas saturadas no empeorase el colesterol durante unos meses de pérdida activa de peso. Es un dato interesante, no un certificado de inocuidad para mantener ese patrón durante años. La dieta mediterránea, por su parte, conserva una base de evidencia mucho más amplia en salud cardiovascular a largo plazo.
La lectura sensata es menos espectacular y bastante más útil: en personas con obesidad, prediabetes e hígado graso, una dieta cetogénica bien supervisada podría aportar beneficios hepáticos y glucémicos adicionales mientras se pierde peso. Pero la elección no debería hacerse por dogma ni por una foto de antes y después. Hay que valorar adherencia, antecedentes, medicación, perfil lipídico y capacidad real para mantener el patrón cuando desaparecen las comidas gratis y la dietista deja de llamar.